martes, enero 23, 2007

Fuga y encuentro: la obra de Carlos Wynter Melo





Estimados Lectores:

Esta semana presentamos la obra de Carlos Wynter Melo, un joven escritor panameño al que considero mi amigo. A menudo nos reunimos para tomar un café o una pinta (acá le llamamos “pinta” – unidad de medida líquida del sistema métrico inglés – a una botella de cerveza), conversando de todo. Echando cuentos. Ileana Pérez, editora del suplemento Ellas, me preguntó el otro día qué género Panamá tenía oportunidad de destacar. Respondí rápidamente “cuento.” Los panameños, si algo podemos hacer bien, es echar cuentos. “Vente pa’ mi casa y echamos cuentitos”, “¡hermano, tengo que echarte un cueeeeeento!” Y como ven, no es “contar un cuento” es echar un cuento. Los lanzamos como petardos que estallan, iluminan la monotonía de nuestra rutina urbana. ¡Pra! un cuento, ¡pra! otro. Si hay algo que me divierte en esta vida es echar cuentos con Carlos, que siempre, pareciera inagotable, tiene alguna nueva anécdota que contar. Su versatilidad como conversador la suda en cada uno de sus cuentos, que no son (dejemos claro) hechos aislados, producto del azar. Son miniaturas genialmente construidas, de estructura clara pero compleja. Carlos opera bajo la premisa “escribir con el sol y la luna.” En el programa de hoy, conversaremos con él sobre éste y otros temas. En palabras de Héctor Collado "heredero de una cultura narrativa sólida, (Wynter Melo), junto a un puñado de jóvenes narradores, aporta a las letras nacionales una voz que reta la mediocridad de la inmediatez y apuesta a la trascendencia".
Llámanos a la cabina de Radio 10, al teléfono 236-1595. Podrás hacer preguntas al autor invitado y ganar uno de los muchos libros que la hoja. tiene para ti.

Nuestro segundo invitado no es escritor. Gabriel Despaigne Ceballos, aparte de tener numerosas certificaciones de buceo comercial, es un reconocido activista ambiental, preocupado por el peligro al que exponen nuestros políticos la fauna marina de Panamá. ¿Y qué tiene que ver esto con literatura? Todo. El escritor se nutre de las vivencias cotidianas personales, interpersonales, nacionales e internacionales. No encontrarán, jamás, un escritor que no tenga fuertes y concretas opiniones sobre un tema.

la hoja. es una revista ecológica. Nos gusta la naturaleza y creemos en preservarla apoyando las acciones pacíficas dirigidas a impedir la caza de mamíferos marinos en nuestras aguas. ¿Qué pensará Carlos de todo esto?

Bienvenidos a una nueva edición de la hoja.
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Del libro
El escapista y demás fugas
El “Escapista” ganó en 1998 el concurso panameño “José María Sánchez”. Gracias al premio fue publicada; sus ejemplares se vendieron en Panamá y en ciertos lugares de México; y sus historias aparecieron en periódicos y revistas. Uno de sus cuentos, “Apariciones”, fue seleccionado para una antología alemana de Cuento Erótico Centroamericano. Y varias de sus historias se sumaron a colecciones y antologías internacionales.
CUENTO
Nicanor da la vuelta

Nicanor poco a poco se mudó a lugares más interesantes. Lugares donde el tiempo no transcurre y la vida es eternamente nueva. Vivió demasiados días de dieciséis horas, ocho trabajando, siete atendiendo a los padres y la última antes de dormir, la más hermosa hora, leyendo. Se sumergía en los paisajes de los libros y convivía con personajes oníricos e ilimitados. Y cuando eso ocurría, Nicanor mismo era un sueño, una ilimitación.

Pero cada día siguiente la voz de mamá pidiendo el desayuno, la de papá hablando del periódico. Luego la prisa, el trabajo y regresar a casa. Como un aburrido carrusel al que se está sujeto, porque eso había que hacer, “porque era lo que tenía”, “porque el buen hijo”, “Y si mamá ,y si papá...”. La cosa es que en la noche, como impaciente fugitivo, se lanzaba a leer hasta que lo sorprendía el sopor.

Y otra vez despertar: tal vez lo que más hería era adivinar lo muerto de cada instante: mamá pidiendo el desayuno, papá hablando del periódico de la mañana. El buenos días que parecía ser el mismo, las mismas personas en el bus, el conforme pesar. El día llevado por la inercia y la frase diurna: “parece mentira que ya se fue el día, Nicanor: así se va la vida”. Él invariablemente contestando: “si mamá, así se va la vida”.

Nicanor acumulaba torres de libros. Al borde de su cama esperaban ser devorados y él daba vuelta al día esperando leerlos. Las hojas se habían convertido en medidas calendarias: treinta hojas un día, siete metáforas otro. Así, como pasa en un reloj de arena, cayó Nicanor poco a poco a un nuevo tiempo. “Nicanor, el desayuno”, y él mecánicamente servía el desayuno. “Nicanor, el periódico”, y como sonámbulo recogía el paquete abandonado en la puerta: dentro de su mente hacía otras cosas, era el interesante aventurero que se atrevía a todo, era libre. Y otro día más y otro, viviendo un sueño y conservando apenas la vida.

Una tarde compró aquel libro. Se llamaba “Nicanor da la vuelta”. “Vaya título”, se dijo, “con mi nombre”. Lo compró de inmediato y ansió leerlo.

Con la obsesión por el orden que le era costumbre, Nicanor se impuso leer los libros apilados antes de sumergirse en su nueva adquisición. Cada noche aceleró la marcha para llegar a “su libro”. Traía el desayuno, buscaba el periódico, buenos días a todos, ¿cómo están? De nuevo la noche y ansiar su libro, Y dormir, y el día ... Hasta que acarició con gusto las letras doradas: “Nicanor da la vuelta”. Pasó lentamente las primeras hojas y dejó que la vista se deslizara por el papel. La lectura le fue grata. El personaje principal era un increíble aventurero. Se iba de un lugar a otro, nuevos amigos, bares, las aventuras. Y el sopor. Y Nicanor quedándose dormido con el libro en el pecho.

Llegó un día en que la madre se despertó gritando. Nicanor la buscó entre las sombras de la madrugada y el miedo. Entró al cuarto. La madre se sacudía la cabeza y gemía, a su lado pintados por una franja del amanecer, miraban desmesuradamente quietos los ojos del padre.

A Nicanor le pareció mentira la muerte. En el fondo, siempre la consideró un evento al que solo se espera. “Con lo que implica”, “con los días tan perfectamente cotidianos”. Ya no estaría papá, y eso era algo que tampoco entendía. La ausencia de lo que se daba por hecho. Tuvo miedo: su pasado era uno y su futuro sería otro.

Hubo que organizar los funerales, tomar las decisiones sobre el arreglo del muerto, desvergonzados sarcasmos, e invitar a los pocos pero fieles amigos que conservaba el anciano. Cuando se veía así el asunto, la tradición le parecía una crueldad.

Pasada la misa, el incómodo mirar al muerto y el velatorio, se sintió peor. Llegó a la casa, la madre se quedaba ahora todo el día en su cuarto, mirando ensimismada o durmiendo. Él bajó en la mañana y se encontró con el vacío. El silencio. Sintió miedo. Se apresuró a preparar el desayuno. Comió. El silencio y la espera de cualquier cosa, lo que fuera o simplemente papá entrando en la cocina. Recogió el periódico y lo leyó. El silencio y el miedo. Algo había de doloroso destino. Con pánico se fue a su cuarto, por el libro, por “su” libro. La cara del padre blanca como el papel no lo abandonaba. Tomó el libro y adelantó las páginas rompiendo el orden, como una profecía porque romper el orden era quebrar el tiempo. Leyó que Nicanor seguía con sus viajes. Leyó que sus sueños se diluían con los años. Leyó que se iba haciendo pesimista, realista, ... viejo. Y entonces lloró. Y siguió leyendo sobre los días de la vida de Nicanor, con un desengaño propio, con cansancio. Y volvió a sollozar porque sintió que su rostro o el del personaje del libro (ahora sabía que eran iguales) sería el del padre, que él pediría el desayuno y se lo prepararían cada mañana, que buscaría el periódico o se lo buscarían o tendría que anhelarlo, y que diría en la noche algo sobre cómo se va el tiempo y la vida, cada noche diría eso sobre el tiempo y la vida, sin nada que hacer, “Porque era lo que tenía” “porque si la mamá y el papá”...
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De la obra
DESNUDO y OTROS CUENTOS
MUJERES DE SANTA FE

“El enamorado sin fortuna,
lo mismo que el afortunado,
cree que el mundo entero
está al tanto de sus sentimientos”
Rudyard Kipling
(“La mujer de mi hijo”)

Se encontraron en la estación del ferrocarril. Cruz, después de haber estado algún tiempo en Rinconcitos, ansiaba nuevos lugares. Después de haber trabajado aquí y allá como peón, tenía la curiosidad de un niño.

De Rinconcitos le encantó el lago. En él se bañó después de cada jornada, entre amigos de la finca. Se tomaban unas cañas hasta entrada la noche o salido el nuevo sol. Durante el día eran los turistas quienes, en las riberas, se emborrachaban y divertían como locos.

Recordaba que un tío le habló de Santa Fe, un caserío más al sur. En palabras del pariente, un pueblo aburrido y feo, pero con mujeres bien criadas; como pa’ casarse. Cruz, en edad de casorio, se las imaginaba a su manera: mujeres que obedecían siempre, que mimaban a su hombre a todas horas y que se hacían madres amorosas de todos los hijos que pudieran parir.

Ya Cruz había juntado unos reales. Le daban ganas de sentar cabeza con una de las hembras que decía el tío.

Cuando Cruz vio a aquella mujer en la estación del ferrocarril, bonita y orgullosa como un capullo, ahí, sentadita enfrente, se le metió entre ceja y ceja que era de Santa Fe.

Luisa desde el primer momento desconfió de Cruz. Le parecía guapo pero sonreía como tonto, sin dejar de mirarla. Guardó los ojos, tímida, y pegó los muslos.

Luisa ha estado en Santa Fe pero no es de ahí. Fue de paso y se divirtió bastante. Entre primas y tías se sintió segura.

Estuvo en Rinconcitos por una semana. Era la primera vez que viajaba sola. Las primas la trataron de ingenua: no creían que pudiera llegar ni al tren sin perderse. Pero Luisa apretó la maleta al pecho y se dirigió, decidida, al ferrocarril.

Una señora que veraneaba en Rinconcitos le ofreció un empleo doméstico. Y todo iba bien. Pero un día en que paseaba por el lago, ese tan bello que agujera Rinconcitos como un ombligo, un turista ebrio le tocó la nalga. Una palmada, nada más. Pero por las carcajadas del grupo sintió más miedo que nunca. Se escabulló cabizbaja.

Pensó que por eso las primas le decían lo que le decían; se dijo tonta. Pero habría de ser recatada y arisca.

Cruz se acercó a Luisa. Le ofreció un cigarrillo.

– No – dijo ella tajante.
A él le pareció decente que una mujer no fumara.
Él encendió su cigarrillo y, después de aspirarlo, preguntó:
– ¿Adónde viaja?
– A ningún sitio.
– ¿Cómo es eso?
– No he decidido aún.
– ¡Aahh! – dijo él sin ofenderse. Y agregó - ¿Qué tal Santa Fe?- esto lo dijo para ver si ella era de allá.
– Bien, con las primas y parientes una se lo pasa a gusto, y … ¿cómo sabe usted de Santa Fe?
– ¡Ah – dijo satisfecho –, es que soy brujo! Cuidado porque puedo hacer que se enamore de mí.
Como Cruz vio que ella se enojaba, le dijo otra cosa.

– Es que yo he estado en Santa Fe; me pareció verla por allá.
Ella asintió sin ganas. Él continuó.

– Sí, será feo y aburrido, pero de ahí son las mejores mujeres del mundo.

Como ella no era realmente de Santa Fe, no entendió el coqueteo. Es más, contradijo a Cruz:

– No sé que le parezca a usted, pero Santa Fe no es feo ni aburrido.
– Bueno, si usted lo dice, no queda más que aceptarlo.

Esto le arrancó a ella una sonrisa. Se la tragó para verse altanera. Él, que alcanzó a notar el rubor, volvió a hablarle.

– Y sobre las mujeres, ¿me equivoqué?

Como ella no era realmente de Santa Fe, le contestó con dureza:

– ¡Usted sabrá!

Él se le quedó mirando, fumaba con lentitud.

– Le mentí: yo no he ido a Santa Fe.

Ella lo miró retadora.

– Así que mentiras. ¡Ya me llevo un mal recuerdo de este lugar, no intente darme otro!
– Pero, ¿qué le ha hecho este pueblo?
– ¡A usted no le voy a decir!

Entonces Cruz, sin mala intención, hizo una pregunta imprudente:

– ¿No fue el lago tan cristalino que hay aquí …?

Ella le clavó los ojos, se levantó de la banca y se acomodó por otro lado.

Él quedó confundido, con la boca abierta. Miró su reloj y chupó el cigarrillo.

Ella no estaba más que dándose a desear, concluyó él. Las mujeres de Santa Fe estaban bien criadas y eran madres amorosas de todos los hijos que pudieran parir. Había que tomar la iniciativa y, como ellas estaban acostumbradas a obedecer, mostrarles el camino con decisión.

Con una sonrisa Cruz atravesó el cuarto. Se paró al lado de Luisa. Ella fue grosera.
– ¡Y ahora qué quiere!

Cruz siguió con decisión.

– Mire, usted a mí me gusta; tengo unos realitos ahorrados y ganas de hacer familia.
Ahora la confundida fue ella: ¡¿este hombre le estaba proponiendo matrimonio?! Quedó desarmada.

Cruz le dijo del tren que salía y de vivir en Santa Fe. De inmediato la tomó del brazo. Distraída, pensando en la proposición tan de golpe, se dejó llevar. Él hablaba sin verla, sobre ir de viaje y conocerse más a fondo. Luisa sostenía su maleta contra el pecho, veía al hombre que apretaba su brazo, ahí, en Rinconcitos; para ella, otro turista ebrio; a éste le había dado por casarse. Todo era confuso, sólo notaba con ojos entreabiertos lo polvoroso de la estación de autobuses y los insistentes rayos del sol.

Podía tentarle la idea de partir llevada con fuerza por un hombre. Pero tenía miedo, ¿qué dirían las primas? El hombre le hablaba del lago y de lo mucho que se divirtió en él. Luisa apretó nuevamente su maleta contra el pecho. No señor, se dijo, sería muy idiota si le faltaran al respeto dos veces en el mismo viaje. Así que cuando Cruz se volteó para ayudarla con la maleta, le dio una fuerte cachetada y salió corriendo sin atreverse a mirar atrás.

Cruz mira desde la ventanilla de su vagón. Le quedan dudas sobre las hembras de Santa Fe.

Luisa no hablará de Cruz con nadie. Pero para las reuniones con parientes, contará una historia cargada de orgullo: cómo se deshizo de un borracho a punta de cachetadas y antes de que le tocara las asentaderas.
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Delfines 101
Para más información sobre el tema de la caza de delfines, problemática y soluciones, accesa los siguientes enlaces:
Documental sobre el efecto de los delfinarios en el ecosistema de arrecifes de coral http://www.biorock-thailand.com/tourismwaterquality512.html
La verdad incómoda sobre los delfinarios:
http://www.gsmev.de/texte/delfinegefangeneng.htmhttp://www.wdcs.org/dan/publishing.nsf/allweb/975B92D775D79222802568DD0030A3B4
Escríbele a Gabriel al correo electrónico: gabuzo20@hotmail.com
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5 Comments:

At 6:30 a. m., Blogger Circe said...

¿Lectores? ¿Dónde están?
No tenemos comentarios para los escritores...¡qué pena!
:(
Seguiré esperando...
Lili

 
At 9:39 a. m., Anonymous Ruth said...

yo estoy! yo estoy! no solo leyendo sino tambien escuchandote los martes.

 
At 11:39 a. m., Blogger Songo said...

En mi niñez disfrutaba de los paseos en lancha a Bahía Honda y Santa Catalina, escoltado de juguetones e inteligentes delfines, por tanto me identifico con el amor del buzo por dichos mamíferos acuáticos***
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Mucha gente LILI, muchos "lurkers", pocos se atreven a oprimir la (s) tecla(s)-
Carlos, tus personajes como los del poeta TEILLIER no son los iluminados ni los que creen entenderlo todo, sino las chicas que nadie saca a bailar y los que encaran su borrachera bajo la mirada despectiva de los que se creen santos.

Abrazo a la Hermandad

 
At 1:56 p. m., Blogger Circe said...

Ruth ! Songs !
Qué bueno que se den la vuelta por acá. Ruth, dime si has logrado grabar tu programa, porque siempre salgo tarde los lunes.
Songo, en verdad la obra de Carlos es conmovedora en su ´habilidad de abrirnos los ojos a la vida del hombre, a lo absurdamente cotidiano.

 
At 8:59 a. m., Blogger Songo said...

Figuran cuatro mexicanos entre 39 escritores jóvenes de Latinoamérica.
April 26th, 2007 @ 9:37pm
Bogotá, 26 Abr (Notimex).- Al menos cuatro mexicanos figuran en la lista de los 39 escritores menores de 39 años de edad más importantes de Latinoamericana, presentados hoy en la capital colombiana por las autoridades de la ciudad.
Los escritores fueron postulados por el público en el marco de la campaña Bogotá 39, y cumplen con los requisitos de tener al menos un libro publicado y menos de 39 años de edad.
Dentro de la lista figuran los literatos mexicanos Alvaro Enrigue, de 38 años de edad, Fabrizio Mejía Madrid de 39, Guadalupe Nettel de 35 y Jorge Volpi de 39 años.
Los 39 autores fueron escogidos de entre los postulados por un jurado formado por los escritores colombianos Oscar Collazos, Piedad Bonnet y Héctor Abad Faciolince y presentados el jueves en la Vigésima Feria Internacional del Libro de Bogotá.
El concurso fue convocado por la Secretaría de Cultura de Bogotá y el "Hay Festival", certamen cultural británico que en los dos últimos años se ha celebrado en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias.
Además de los mexicanos en a lista figuran los argentinos Gonzalo Garcés, Pedro Mairal y Andrés Neuman, el boliviano Rodrigo Hasbún y los brasileños Joao Paulo Cuenca, Adriana Lisboa, Santiago Nazarián y Verónica Stigger.
De Chile fueron escogidos Alvaro Bisama y Alejandro Zambra, por Colombia Antonio García, John Jairo Junieles, Pilar Quintana, Ricardo Silva, Antonio Ungar y Juan Gabriel Vásquez.
En la lista también figuran los cubanos Wendy Guerra, Rolando Menéndez, Ena Lucía Portela y Karla Suárez, los ecuatorianos María Gabriela Alemán y Leonardo Valencia y la salvadoreña Claudia Hernández.
Por Guatemala está Eduardo Halcón, de Panamá Carlos Wynter Melo, por Paraguay José Pérez Reyes, por Perú Daniel Alarcón, Santiago Roncagliolo e Iván Thays y por Puerto Rico Yolanda Arroyo Pizarro.
Finalmente, en la lista también figura de República Dominicana: Junot Díaz, de Uruguay Claudia Amengual y Pablo Casacuberta y de Venezuela Rodrigo Blanco Calderón y Slavko Zupcic.

Fuente http://www.munhispano.com/?nid=255&sid=115227

 

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