martes, abril 17, 2007

Cuentos de mujeres: Perspectiva femenina de nuestra literatura

Estimados Lectores:

La introducción de hoy será breve. Me siento fatal. Pesqué un resfrío al estilo rompe-hueso, de esos que te hacen tirarte en camita y clamar por tu madre. Madrecita linda, hazme una sopa y no me pases llamadas.

Nuestras invitadas de hoy merecen toda la atención del mundo y, que no pueda brindárselas me enferma más de lo que ya. Ellas son las nuevas cuentistas panameñas, mujeres de diferentes edades y perspectivas sobre la vida, el mundo y la pluma. Nos acompañan Isabel Herrera de Taylor, Lupita Quirós Athanasiadis y Lizzi Jované.

Bueno, y ¿qué diferencia hay entre la cuentística femenina y la masculina? De eso se trate el programa. También les preguntaré lo usual: ¿Qué opinión les merecen los hombres? ¿Los entienden? ¿Quieren entenderlos? Esta es una invitación a la mente de tres mujeres de caracteres distintos y filosofías de vida muy peculiares, unidas en vínculos de tinta y papel.


Bienvenidos a la hoja.


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ISABEL HERRERA DE TAYLOR

Nació en la ciudad de Panamá. Se graduó de Bachiller en Ciencias en elInstituto Nacional y obtuvo el título de Licenciada en Biología y Química en la Universidad de Panamá. Está casada y tiene dos hijas. Una de ellas también escribe. Isabel es egresada del Diplomado en Creación Literaria de la Universidad Tecnológica de Panamá en el 2003. Ha publicado cuentos en la Revista literaria Maga en varias ocasiones y obtuvo el Premio Maga de Cuento Breve 2004 con el cuento titulado "La mujer en el jardín." Su primer libro de cuentos "La mujer en el jardín y otras impredecibles mujeres" se publicó en junio de 2005, en la Colección Testimonios Nacionales,de la Universidad Tecnológica de Panamá. Ganó mención honorífica en el Premio de Cuento Facultad de Ciencias y Tecnología a la PromesaLiteraria 2006, con el cuento "Esta cotidiana vida." Está por publicar su segundo libro de cuentos titulado "Esta cotidiana vida", con la Editorial 9Signos (En Mayo de 2007).

CUENTO

NINFA

El maquillaje acentúa sus ojos rasgados, tiene la nariz afilada y los labios tentadores.
Viste un traje verde esmeralda que, adornado con un discreto escote, entalla su cintura. El ajuste de la falda hace un llamado a sus caderas.
Se mira en el espejo con deleite; así le gusta verse: tan femenina.
Unos toques suaves en la puerta y se pone en guardia, su respuesta se mezcla con las palabras de quien le habla:
— ¿Cuándo vas a estar...?
— ¡Ya voy, ya voy!
— ¡Está bien! Te espero…
Escucha los pasos alejarse.
Se desviste rápidamente, con agilidad; dobla la ropa y la guarda en una caja. Todo lo que tenía puesto va a parar al fondo del clóset.
Camina hacia el baño. Se quita el maquillaje con pereza, muy despacio, de último la boca. Tira el papel con manchas rojas en el inodoro y lo mira desaparecer en el remolino que forma el agua.
Procede a vestirse nuevamente con la ropa de siempre, la de todos los días. Se recoge el cabello.
Antes de salir, mira la imagen que le devuelve el espejo y le dice: —No me agrada tu pantalón gris, ni la camisa celeste, ni esta corbata. Detesto el rostro sin maquillaje.
Suspira con disgusto y guarda a la mujer que habita en él.

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CUENTO


Con los pies en el agua

Elenita me ha contado que se asomó a la recámara, me vio dormida, y me llamó: “María Félix, María Félix”. A ella le gusta pronunciar mi nombre. Como no contestaba, se acercó a la cama y en un tono bajo me dijo al oído: “Despierta, María”.
En las tardes suelo acostarme a descansar y ella tiene entre sus tareas, el despertarme. Pero esa vez ocurrió que me sentía muy mal; no la oí entrar a la habitación.
No sentía mi corazón latir. Esta sensación me asustó por un momento, luego, cuerpo y espíritu se relajaron completamente. Mis inquietudes dejaron de acompañarme porque yo, aún dormida, me preocupo, sobre todo, por Elenita. Ella no ha sido como otras niñas. El médico que la atendió durante su infancia, la diagnosticó: ¡Retrasada...!
¿Por qué a mí? Esta pregunta me la hice muchas veces, mientras escondía ante los demás la culpabilidad y tristeza que me embargaban. Parte del proceso de aceptación de esta realidad fue pasar la vergüenza de que se rie cuando no debe, no avanza en la escuela y, al pasar los años, una envejece y ella sigue siendo una niña. Su dulzura y alegría de vivir me hicieron amarla, pero muy dentro de mí anida un miedo al futuro que no me deja descansar.
Estos pensamientos fueron diluyéndose, alejándose de mí, perdiéndose en la nada.
¡Qué tranquilidad! Un río apareció; sus aguas transparentes invitaban a adentrarse en ellas. Obedeciendo un impulso metí los pies en el agua: ¡Qué frescor! Al mojarme, me invadió una paz que no puedo describir. Un sentimiento así puede tornarse eterno. ¿Fue por voluntad propia que detuve mi corazón? Deseaba quedarme en este lugar donde no existía el ruido, donde los detalles, esas pequeñeces que hacen la diferencia entre un ser y otro ser, y entre un objeto y otro objeto, no eran importantes. Ser otra gota del agua que fluye en este río.
Aquí he de quedarme, decidí.
Luego de llamarme, me haló por el brazo y no me moví. Seguro que percibió algo extraño, porque entre sollozos gritó con todas sus fuerzas: “¡Mamá, no me dejes sola!”.
Y a pesar de mi deseo de meterme completamente en el agua, de descansar, me estremecí toda y una fuerza superior a la que me atraía hacia el río me obligó a sacar un pie... y después el otro...
Tomado de “La mujer en el jardín y otras impredecibles mujeres”


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LUPITA QUIRÓS ATHANASIADIS

Es Profesora de Español para extranjeros y Diplomada en Creación Literaria por la Universidad Tecnológica de Panamá, en 2003. Cuarta Mención Honorífica en el “Concurso Nacional de Cuentos José María Sánchez”; en 2004 por su obra “Lo que me dijo el viento”. Segunda Mención Honorífica en el “Concurso Nacional de Cuentos José María Sánchez, en 2005, con el libro “Contando quiero decirte...” Primera Mención Honorífica en el Concurso “Maga de Cuento Breve”, en 2006, con el mini-cuento “La prueba de ADN”. Premio “Promesa Literaria del Año”, 2006 por su cuento: “La cerca del alambre de púas.” En diciembre del 2004, publica su primer libro de cuentos con el título "Si te contara…". En enero de 2006, presenta su primera novela “La viuda de la casa grande.” Sus cuentos se han publicado en varios números de la Revista Cultural “Maga”, en periódicos de la localidad y en diversas antologías. Es miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Escritores de Panamá (ADEP).


CUENTO
El daguerrotipo


Monsieur Lautrec estaba abanicándose con un remendado sombrero negro cuando oyó el tintineo de las campanillas de metal que pendían de la puerta y que avisaban que alguien entraba a la tienda de antigüedades.
Cuando el muchacho entró con el bulto, Lautrec lo saludó con afecto, ya que era la única forma de disimular el temor de haberlo conocido y olvidado, que es de esta manera como juguetea la memoria con los octogenarios.
Pierre, que así se llamaba el joven, colocó el objeto sobre el mostrador y miró hacia aquellos otros que parecían observarle desde las repisas. Había libros, relojes, adornos de porcelana, candelabros y, al fijar su mirada en un viejo portarretratos, recordó el propósito de su visita. Puso un sobre cerca del viejo anticuario y le arrimó el objeto que estaba dentro de una bolsa que había sido de terciopelo oscuro en sus buenos tiempos, pero que ahora denotaba el estropicio de los años.
Monsieur Lautrec se alisó el mostacho con un ademán tan propio que parecía haber nacido con él.
—A ver, qué me traes, muchacho…
—Mi bisabuelo murió hace unos días. Me dijo antes que me legaría esto y, como no entiendo por qué lo quería y lustraba tanto, aquí se lo traigo para que me dé algo por él.
Monsieur Lautrec acabó de desenfundar la más antigua cámara de fotografía que jamás pensó que existiese y tosió tratando de aclararse la garganta para que el joven no percibiese la emoción que le producía esa antigüedad.
—Esto está muy viejo y por dentro debe estar oxidado, pero como supongo que te entristece un poco el deshacerte de él te daré el dinero suficiente para que celebres, hoy mismo, una juerga que te haga olvidarlo.
Pierre sonrió satisfecho y puso la mano arriba del sobre arrugado.
—También le entrego esta carta que dejó mi bisabuelo pues a mí no me dice nada, creo que es la explicación de cómo se sacaban las fotos. Dentro también hay una cajita con botellines.
—Déjalos —dijo el viejo, animado como estaba por aquel pingüe negocio. Le entregó el dinero pactado y, dándole un golpecito en el hombro, musitó:
—No te preocupes, estará en buenas manos.
—Gracias —le dijo el muchacho. Razón tenía el bisabuelo cuando me aseguró que habría de interesarle.
Estas palabras no alcanzó a escucharlas Monsieur Lautrec, ensimismado en la contemplación de su tesoro. Sólo cuando brincaron las campanillas de metal y se cerró la puerta, encendió el ventilador unos instantes porque ni el aire fresco quería compartir el tacaño y usurero de Lautrec quien, acostumbrado como estaba a hacer trampa, era incapaz de percibir cuando se la hacía a sí mismo.
Puso llave a la puerta de entrada, colocó el aviso de "Cerrado" y, sonriendo, se fue con el daguerrotipo a la trastienda. Allí, con el aire viciado por tantos artículos viejos empezó a leer la carta.
" A través de la daguerrotipia he intentado demostrar que la realidad no es efímera y que se pueden mantener vivos los recuerdos, porque los que recordamos tendremos una existencia perecedera".

Firmaba: "M. Lautremont, fotógrafo y mago."
—Viejo loco —murmuró el anticuario y procedió a abrir la cámara fotográfica y a observarla con una lupa.
Sacó las láminas de metal tan prolijamente limpias que daban un brillo tornasolado, y extrajo los botellines en cuyas etiquetas se leía: nitrato de plata, cobre, bromo, mercurio y cloruro sódico diluido. Tosió varias veces a causa del calor y el aire enrarecido de la trastienda y, entusiasmado como un niño, desdobló un papelito que también venía en la carta y donde se leían las instrucciones. Acomodó los aparejos e inició el procedimiento.
Vertió el nitrato de plata sobre la base de cobre en la superficie especular de las placas metálicas. Trató de obtener el positivo revelando las fotos que había tomado a las estatuas de su tienda y, para hacerlo, sumergió las imágenes en cloruro sódico diluido, pero el sellado le quedaba defectuoso porque las mismas desaparecían en pocos minutos.

Fascinado, repitió una y otra vez el procedimiento pensando que, si lograba demostrar que esta antigüedad todavía funcionaba, podría subastar el daguerrotipo en una descomunal cantidad de dinero. La tenacidad, estimulada por la ambición, pronto dio resultado: Monsieur Lautrec empezaba a lograrlo.
Se acomodó en su silla, arregló la luz y se ajustó las gafas; la sudoración se le había hecho insoportable, pero eso no lo detenía.

El alquimista en ciernes gritó jubiloso cuando logró extraer de las láminas las imágenes permanentes. Y tanto era su afán que creyó enloquecer al observar con detenimiento que éstas no eran las tomadas en su almacén, sino figuras con rostros humanos de otra época.

Reconoció a su esposa, quien lo había abandonado a los 28 años junto con sus dos pequeños hijos. Al lado de ella se veía a un caballero distinguido que lucía un sombrero de mago y que parecía sonreírle con sorna a través de decenas de años; actuaba en la foto como marido y padre de …¡su propia familia!
Buscó con desesperación la lupa, observó el rostro masculino y trastabilló de pánico al tomar otra vez la carta y leer de nuevo la firma: " Monsieur Lautremont, fotógrafo y mago". En ese momento todo se le hizo claro.
Cuando cayó al suelo ya casi no podía respirar envenenado por los vapores del bromo y del mercurio, sustancias que no pudieron escapar de ese lugar tan cerrado.

En el piso, y todavía con la carta arrugada entre los dedos, recordaba la promesa de su más grande enemigo: "Tú robaste mi fortuna pero yo te quitaré lo más preciado que tienes y hasta tu propia vida". Al recordar la última palabra, el anticuario ya no supo si lo mataban aquellas palabras o el ambiente contaminado que respiraba.
De regreso en casa, Pierre se dirigió a la poltrona donde le esperaba un anciano elegante, siempre ensimismado en nuevos trucos de magia. Cuando sus miradas se cruzaron el joven alzó el pulgar y le dijo:
—Fácil, bisabuelo, la misión ha sido ejecutada.

Fue entonces cuando el hombre esbozó una sonrisa, largamente contenida.


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Lissy Jované

Nacida en Panamá un 27 de abril de 1972. Se auto define como una idealista sin remedio. Culpa principalmente a Ernesto Sábato, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges de su romance con la literatura. De profesión, abogada. Tiene una maestría en Gestión Logística del Transporte Multimodal de la UNCTAD -Naciones Unidas. Miembro del Colegio Nacional de Abogados y de la Asociación Panameña de Derecho y Nuevas Tecnologías. Ha publicado artìculos y ensayos en el diario La Prensa, en la Revista Lex del Colegio Nacional de Abogados, en los boletines de Legal Info y APANDETEC. Presidenta de la Comisión de Informática Jurídica del Colegio Nacional de Abogados, 2003-2004. En el 2006 obtuvo el Diplomado de Creación Literaria de la Universidad Tecnològica de Panamà, del cual surge gracias a la iniciativa del Profesor Enrique Jaramillo Levi, la idea de conformar la empresa “Nueve Signos Grupo Editorial”, de la cual es su Vicepresidenta. Proximamente publicará en “Letras Complices” (Colectivo del Diplomado en Creación Literaria – Promoción 2006), sus cuentos “La Cantante” y “Signum”.


CUENTO

LA CANTANTE


Todos los días a las diez en punto de la noche sucedía lo mismo. Se escuchaba aquella voz a través de las paredes de mi casa, entraba a la sala, seguía por el comedor, saludaba a las flores, proseguía por los azulejos de la cocina, por último entraba a mi cuarto….y a mis oídos, eliminando por completo mi concentración en las noticias de la tarde. De nuevo esa voz que parecía provenir de una mujer…, dulce por la entonación…, con las canciones cubanas de antaño.
La primera vez que sentí la voz, me encontraba en mi cama, sufría de una leve melancolía, me hundí en un sopor y dormí añorando una época. Tanto fue el sueño que me transmitió esa voz, que no me levanté a investigar su origen misterioso. Siguió cantando y cantando un completo repertorio, con un inconfundible acento cubano.

El segundo día, sucedió algo parecido al primero, con la diferencia de que después de entrar en el sueño, pude ver la figura femenina de la cual emanaba esa voz cadenciosa. Era una mujer vestida de negro, de suave mirar, cabello rojizo y piel muy blanca; nuevamente, lo que más resaltaba de todo el cuadro espectral era esa voz. ¿Pero por qué ejercía tanta atracción en mí? Desperté al día siguiente, y mi cerebro no pudo olvidarla durante todo el día, no me pude concentrar en el trabajo, y lo peor, no estaba prestando atención a las directrices que daba mi jefe. Sin darme cuenta, estaba extrañando poder quedar envuelto en ese suave sopor que me transportaba, sólo para poder escucharla nuevamente.
Recién la tercera noche salté de mi cama. Por más que trataba de quedarme dormido no podía, estaba desesperado. Luego, a las tres horas de intentar dormir, lo hice sentado…..Sin embargo, en el sueño me observaba caminando hacia el balcón y abriendo las ventanas, la pude ver en el horizonte acercarse, así como también sentí que iba incrementándose su voz al cantar “ansiedad, de tenerte en mis brazos”. Salí cuanto pude a las ventanas del balcón, casi, casi, hasta caerme, pero no podía ver más. Únicamente aumentaba el volumen de su voz. Por un momento y, casi instintivamente, miré al apartamento de a lado….. Y allí estaba ella, cantando, como poseída por un espíritu de una artista de la antigua Habana. Desperté en ese instante, y mi esposa me preguntó exaltada el por qué de mis gritos, le pregunté a boca de jarro, si podía decirme de dónde provenía esa voz de bolero, y me miró , como si fuera un lunático.
-No oigo ninguna voz – me dijo. – Debes estar desvariando.
Quedé totalmente desarmado, recién despierto, asustado. Con una incertidumbre enorme. Me disculpé con ella y me retiré a la sala. Pero la voz me siguió persiguiendo…. “no existe un momento del día, en que pueda apartarme de ti”….., hasta dormirme.
Un rayo de sol me despertó con un golpe en las pupilas, otro día sin percibir esa agridulce melodía, tenía que esperar hasta la noche….
Así prosiguió la tortura por dos semanas más, sin ver físicamente el cuerpo de donde provenía. De día miraba el apartamento de a lado, y sólo aparecía una viejita que vivía sola, y tejía en el balcón unos manteles blancos.
Otra noche pude verla, vi la voz, no el cuerpo, provenía nuevamente del edificio de al lado, exactamente del apartamento de al lado, ubicado del lado diagonal izquierdo al mío, y en la ventana central del segundo piso. Ya no venía (la voz) directamente hacia mi balcón, sino que salía de su lugar de origen, bajaba al área común, seguía por un pequeño jardín de la fachada hasta chocar con un poste de alumbrado público. Allí hacia una rotonda y subía hasta la altura de mi balcón; para luego penetrar por todos los rincones de las casa hasta llegar a mis oídos.

Un sábado por la mañana, no soporte más y le pregunté al dueño del edificio de al lado señalándole el apartamento.
-¿Sabe usted quién vive ahí?
-Nadie-me respondió. –Hace dos años y medio que allí no hay nadie.
-¡Pero no es posible, si siempre veo una viejita tejiendo en el balcón!
-Me miró con una cara de desconcierto, y me preguntó: ¿También está usted oyendo una voz cantando boleros en las noches?
-Sí.
Otra vez el corazón me dio un mal salto y sentí náuseas. Recordé, entonces, lo extrañamente barato del alquiler, a pesar de la céntrica ubicación del edificio, así como la desesperación del dueño por alquilar rápido.
-Hace tres años murió la señora que habitaba en el apartamento que me menciona, aparentemente de un ataque cardíaco. Escuché que en sus buenos tiempos fue una famosa cantante de Cabaret, que embelesaba a quienes la escuchaban. Un día, inexplicablemente, perdió la voz. Y sus días de gloria pasaron al olvido.

El frío me hizo darme cuenta de que temía, pero al mismo tiempo anhelaba, dormir para poder escucharla. Aspiré muy hondo. Supuse que venían días extraños, y de muchas revelaciones.

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EVENTOS LITERARIOS
Martes 17 de Abril, Sala de Uso Múltiple, Biblioteca Nacional, 7:00 p.m. Presentación del libro Living in Panamá, de Sandra Snyder.
Miércoles 18 de Abril, Gran Gala - Presentación de la novela "El Desenterrador", de Ramón Fonseca. Panamá La Vieja, Convento de las Monjas de la Concepción, 6:30 p.m. Se tendrá el servicio de valet y seguridad para sus automóviles.
Miércoles 18 de abril -Asociación de Escritores de Panamá Mesa invita a mesa redonda. 7:00 p.m. Galería Manuel E. Amador (Universidad de Panamá, al lado de la Facultad de Derecho). “La nueva cuentística panameña”, a cargo de Fulvia Morales de Castillo, Carlos E. Fong A. y Enrique Jaramillo Levi. Entrada libre.
GRAN FIESTA NACIONAL - 25 DE ABRIL, DÍA DEL ESCRITOR PANAMEÑO - NO SE PIERDA LAS ACTIVIDADES QUE PLANEA LA ASOCIACIÓN DE ESCRITORES DE PANAMÁ - MÁS INFO EN PRÓXIMA la hoja.


Escritora mexicana Mónica Lavín en Panamá - Dictará taller de doce horas dirigido a interesados en escritura de cuentos. El taller se realizará en el restaurante Rino's, jueves 26 y viernes 27 de Abril. Costo de B/.120.00, incluye almuerzos y coffee breaks. Info al 560-3627.

Miércoles 25 de Abril, Sala Extranjera Biblioteca Nacional 6:30p.m. Entrega del Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2006-2007. Evento organizado por la Universidad Tecnológica.

TALLERES - CASA CULTURAL HUELLAS - Taller de creación y apreciación literaria "El sentido de la poesía". El taller se centrará en la importancia de escribir, leer y enseñar poesía en nuestro tiempo. Los sábados 14, 21 y 28 de abril y 5 de mayo, de 2:00 a 4:00 p.m. Impartido por Carlos Fong. Info al 265-8703. Casa Cultural Huellas - Taller "Pautas para escribir una novela" Los martes 3, 10, 17, y 24 de abril; y 8, 15, 22 y 29 de mayo. De 6:00 p.m. a 8:00 p.m. Costo: 80.00 (8 días). Impartido por Carlos Fong. Info al 265-8703.





6 Comments:

At 1:13 p. m., Blogger Circe said...

Estoy muy contenta con este programa. Ya la hoja. necesitaba un toque femenino.
L.

 
At 6:57 p. m., Blogger Songo said...

El último bastión de la identidad narrativa, las protectores de nuestra herencia, las Mujeres, y en este caso, celebro el calor y claridad de ambas narradoras.
Mi aprecio!

 
At 6:56 a. m., Blogger Circe said...

Songo, acá está el material de Lissy Jované. ¡A disfrutarlo!
Un abrazo,
Lili

 
At 8:58 a. m., Blogger Edilberto said...

Hey! Cuando subiste a Lissy?
Voy camino al interior... Por allí un tiempo para leer.
Abrazo

SONGO

P.d. Me interesa lo del día de la tierra!

 
At 9:37 a. m., Blogger Circe said...

la hoja. (ecológica) estará en el Reina Torrez de Arauz (Curundú) el sábado 21 de Marzo, a las 6:00 p.m. en el Concierto que hace Radio10 para conmemorar el día Mundial de la Tierra. Invitados: Cienfue, Filtro Medusa, entre otros. ¡Les esperamos!
Lili

 
At 2:13 p. m., Blogger nInFa-Vs-sTePhAnIe said...

Hola, estaba buscando información sobre literatura panameña y me encontré con su blog. Muy bonito y delicado. Me gustó mucho, felicidades. Espero no haya problema con poner su link en mi blog, prometo no hacerlo hasta me dé su permiso. Saludos desde Chiriquí.

 

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