El lado tierno de la zapatilla: poetas "bloggeros"

¿Qué es un blog? El término blog proviene del inglés “weblog,” que significa registro en red. El blog es un sitio de red, generalmente gratuito, utilizado por el individuo como bitácora personal. Los blogs son frecuentemente actualizados por sus autores y su formato permite que los lectores comenten el contenido de la página. Realmente, el blog puede utilizarse como mejor plazca. Por eso la hoja. , al igual que las páginas de los autores que hoy presentamos, está dedicada a lo que más me place: literatura panameña.
Lo interesante del blog es que forja comunidades virtuales en torno a temas que abarcan desde política exterior, dentífricos y fetiches, hasta los siempre cambiantes estados de ánimos de millares de adolescentes alrededor del mundo. No hay censura en este tipo de publicación: queda a juicio del “autor” determinar el material a publicar, el diseño y presentación del texto.
Como es un medio de publicación directo, sin límites ni trabas, muchos nuevos escritores lo prefieren como alternativa a la publicación tradicional de libros y cuadernillos...¿Por qué? Es posible que el blog elimine el largo, y no siempre afortunado, proceso de probar suerte con el “mundo literario,” o sencillamente evite la vergüenza de dar a conocer su modesta obra, como admiten sentir algunos autores que aún no han salido del clóset literario.
Aquí es donde incia el debate que hoy transmitimos: ¿Reemplazará el medio digital al libro? NUNCA (de poder evitarlo, la hoja. luchará hasta el final). ¿Hay mérito literario en los trabajos presentados en línea? ¿Qué hay de la calidad? Esta noche discutimos con tres autores “bloggeros” sus razones, opiniones y pareceres.

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CARLOS MARRÉ
Día tras día
Fuerza y misterio,
Movimiento del humo,
Designando las ondas del sentido,
Que se envuelve en un manto,
Sentido que te da vida.
Entrelazando las palabras,
Dándole forma a tu esencia,
La que se transmite,
En cada atisbo de locura,
En las caras de hambre,
En la falta de libertad.
Combato contra mi conciencia,
Que me frena,
No me deja encarar mi destino de furia,
Al cual deseo,
Enfrentar con la cabeza en alto,
Entregado a la insana cordura,
De despertar un día más.
Yo te apuesto
Pasa, corre, resbálate frente al trampolín de minuteros,
Segundos que pasan, igual que mi vida,
En una eterna lucha entre un bien y un mal equilibrado,
Buscando balance,
Sentencia justiciera que quebrante cualquier insana clemencia,
De impedir la realidad de la nueva era,
Tengan bombos y tambores,
Trompetas de algo que capaz se llamaría ska,
Mira, que fácil se plantea esta post modernidad,
Donde bailamos otra música,
Vivimos otros ideales,
Que desafiamos en un intento casi suicida,
Pero que rinde tributos con nuestro esfuerzo,
Sin importarnos el dinero,
Sin importarnos como seguir adelante,
Solo siguiendo nuestra regla base,
La de mantener un balance individual,
Y olvidarse del no existo,
Ni persisto,
En un mundo suspicaz.
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donde el pie descansa.
Donde cientos de murciélagos asustan,
juegan a asustar a quienes
ellos saben no son de allí.
Vuelan rasantes,
silenciosos,
entre ramas y piedras.
El negro pinta desde las copas de los árboles
todo lo que es cielo
y una garganta traga
desde las copas de los árboles
todo lo que es monte.
Las piedras ya no se cuentan
porque son muchas.
Porque ellas viven
contrario a lo que se cree.
Ellas caminan como cangrejos,
como tortugas de 300 años,
sierpes dormidas en huecos y palos.
El flujo de un vientre fértil las lava,
con suavidad, con devoción,
pero los ojos no entienden su voz,
su auxilio esperanzado en la noche,
en los globos de luz que bajan del cielo
y besan los llanos, los montes.
El abuelo en su rancha lo sabe.
Su puerta dormida sobre el suelo,
su cruz de palma
y su cama de palo pintada de hiervas de olvido
que crecen custodiándolo,
llevándolo a su seno,
cerrando los caminos.
Solo queda el vidrio roto,
la cacerola sobre las piedras,
las mismas que lo conocen,
quedan del abuelo enredadas
con silbidos de humedad.
Son las mismas piedras
que desde siempre cuidaron el camino,
celosas,
porque guardan un tesoro:
su rancha.
Y el sapo, la flor, los bichos,
el relámpago y la soledad del hombre
son uno solo.
Son el Pedregoso sendero
de tu no olvido,
donde no se necesita la luz de afuera
para verte.
Lorenzo Donatto, dueño de la carnicería del barrio, tuvo por 30 años este negocio. Nacido en el Uruguay, soltero, delgado, de manos fuertes y bigote espeso.
Augusta Mendoza, vecina del sector desde hace 25 años, profesora de química, jubilada, sin hijos y empedernida amante de diez gatos que viven con ella.
Veinte días han pasado desde el terrible hallazgo de Lorenzo. Fue encontrado en el comedor de su apartamento, ubicado arriba de la carnicería, envenenado con plaguicida de amplio espectro, según el informe forense.
Desde su mecedora embalconada, Augusta cuenta pausadamente a sus felinos - ...cinco, seis, siete y ocho.
La mecedora va y viene suavemente; mientras, la jubilada asoma una leve sonrisa al ver sobre la tablilla el galón de Gramaxone.
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I.
La Pangea social cruje, cede, se desbarata,
hundiéndose en las aguas de un autismo masivo y particular.
II.
Las delicadas placas de la tolerancia
extrañanamente se acomodaron causando temblores de suspicacia
centrífuga telúrica.
III.
Los últimos trozos de la "Terra Firma" del Oceánico Garrett
yacen dispersos entre las aguas autistas,
separados por acomodos terrenales intolerantes.
IV.
Insulares realidades
de la existencia individual
se asoman cuales pálidas memorias de Continentes Míticos,
ya ni siquiera de la Pangea Social.
V.
En el Centro, en el Eje, pulsa una Revolución a fuego lento,
el temido cataclismo será sólo el reacomodo
de un Nuevo Orden Centrípeto.
Las huellas dactilares
de una conciencia popular
híbrida
cuelgan en el vacío,
maculadas
de la sangre de la identidad
perdida,
los trozos afilados
de la ruptura generacional
cortan la mano
de la sociedad.